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BIOGRAFÍA. VIDA Y OBRA DE 'KIERKEGAARD, SÖREN'

Kierkegaard, Sören (1813-1855), filósofo y teólogo danés, cuyo
interés por la existencia, la elección y el compromiso
individuales tuvo gran influencia en la moderna teología y en la
filosofía occidental, sobre todo en el ámbito del
existencialismo.
Vida
Kierkegaard nació en Copenhague el 15 de mayo de 1813. Su padre
era un rico comerciante y un estricto luterano, cuya tenebrosa
piedad, dominada por un sentimiento de culpa, y fantasías
morbosas influyeron y obsesionaron a Kierkegaard. Sören
Kierkegaard estudió teología y filosofía en la Universidad de
Copenhague, donde conoció la filosofía hegeliana, contra la que
reaccionó con apasionamiento. En la universidad abandonó el
protestantismo luterano y durante un tiempo llevó una
extravagante vida social y se convirtió en una figura en los
teatros y cafés de Copenhague. Tras la muerte de su padre en
1838, sin embargo, decidió reemprender sus estudios teológicos.
En 1840 se comprometió con Regine Olson, de 17 años, pero muy
pronto se dio cuenta de su incapacidad para aceptar ese vínculo
a causa de su naturaleza melancólica y de su vocación
filosófica. Rompió el compromiso matrimonial en 1841, pero este
hecho fue muy significativo para él y aludió al mismo repetidas
veces en sus libros. En esa época se dio cuenta de que no quería
ser un pastor luterano. La herencia recibida de su padre le
permitió dedicarse por completo al pensamiento filosófico y
durante los 14 años que vivió tras este episodio escribió más de
20 obras.
Aproximación filosófica
El trabajo de Kierkegaard es poco sistemático de un modo
intencionado y reúne ensayos, aforismos, parábolas, cartas
ficticias, diarios y otras modalidades literarias. Muchos de sus
ensayos fueron, al principio, publicados bajo seudónimos. Aplicó
el término existencial a su filosofía porque consideraba a ésta
como la expresión de la vida individual examinada con intensidad
y no como la construcción de un sistema monolítico a la manera
del filósofo alemán del siglo XIX Georg Wilhelm Friedrich Hegel,
cuyo trabajo criticó en Notas concluyentes no científicas
(1846). Hegel afirmó haber conseguido un absoluto entendimiento
racional de la vida humana y de la historia, Kierkegaard, por el
contrario, resaltó la ambigüedad y la paradójica naturaleza de
la situación de los hombre. Afirmaba que los problemas
fundamentales de la existencia desafían una explicación racional
y objetiva; la mayor verdad es subjetiva.
La elección de la vida
Kierkegaard mantenía que la filosofía sistemática no sólo impone
una falsa perspectiva de la existencia humana, sino que también,
al explicar la vida en términos de necesidad lógica, se
convierte en una manera de evitar la elección y la
responsabilidad. Creía que los individuos crean su propia
naturaleza a través de su elección, que ha de hacerse sin el
peso de normas universales y objetivas. La validez de la
elección se puede determinar tan sólo de una forma subjetiva.
En su primer gran trabajo O lo uno o lo otro (2 vols., 1843),
Kierkegaard describió dos esferas o ámbitos de existencia entre
las que podía escoger el individuo: la estética y la ética. La
vía estética de la vida es un hedonismo refinado, que consiste
en una búsqueda del placer y el cultivo de la apariencia y las
formalidades. El individuo que ha seguido la vía estética busca
la variedad y la novedad en un esfuerzo por evitar el
aburrimiento pero al fin tiene que enfrentarse a éste y a la
desesperación. El camino de la vida ética implica un intenso y
apasionado compromiso con el deber y con obligaciones sociales y
religiosas incondicionales. En sus últimos trabajos, como
Estudios en el camino de la vida (1845), Kierkegaard percibe en
este sometimiento al deber una pérdida de responsabilidad
individual y propone un tercer nivel, el religioso, en el que
uno se somete a la voluntad de Dios, pero, al hacerlo, encuentra
la auténtica libertad. En Temor y temblor (1846) Kierkegaard se
centra en el mandamiento de Dios según el cual Abraham ha de
sacrificar la vida de su hijo Isaac (Gén. 22:1-19), un acto que
viola las convicciones éticas de Abraham. Éste da muestra de su
fe al someterse al mandato de Dios, incluso aunque no lo pueda
comprender. Esta 'suspensión de la ética', como lo llamaba
Kierkegaard, permite a Abraham alcanzar un auténtico compromiso
con Dios. Para evitar la desesperación última, el individuo
tiene que dar un 'salto de fe' similar en una vida religiosa,
que es en sí misma paradójica, misteriosa y se halla plagada de
riesgos. Uno está llamado a ello por el sentimiento de la
angustia (El concepto de la angustia, 1844) que, en última
instancia, es un temor a la nada.
Últimas obras
Hacia el final de su vida, Kierkegaard se vio sumido en el
núcleo de agitadas controversias, sobre todo con la Iglesia
luterana danesa, a la que consideraba mundana y corrupta. Sus
últimos trabajos, como La enfermedad mortal (1849), reflejan una
idea cada vez más pesimista del cristianismo que enfatiza el
sufrimiento como esencia de la verdadera fe. También redobló sus
ataques, dirigidos contra la moderna sociedad europea, que
denunció en La era actual (1846) por su falta de pasión y sus
valores cuantitativos. La tensión producida por sus numerosos
escritos y las controversias en que participó, minaron poco a
poco su salud; en octubre de 1855 se desmayó en la calle y murió
el 11 de noviembre de 1855 en Copenhague.
Influencia
La influencia de Kierkegaard se circunscribió al principio a
Escandinavia y a la Europa de habla alemana, donde su trabajo
tuvo un fuerte impacto en la teología protestante y en
escritores como el narrador checo Franz Kafka. Cuando, a
principios del siglo XX, el existencialismo surgió como un
movimiento generalizado en Europa, las obras de Kierkegaard
fueron traducidas con profusión y se le reconoció como a una de
las figuras clave de la cultura moderna.
"Kierkegaard, Sören", Enciclopedia Microsoft(R) Encarta(R).
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